domingo, 31 de diciembre de 2017

Querido 2017...

Me hallo ante una página en blanco, no llegaré a plasmar ni el 50% de este año, pero tengo tantas emociones y pensamientos dentro que lo necesito.  

2017 me has dado todo, vaya año. Ha sido el año de los viajes y de conocer a mucha muchísima gente. De perder miedos y aprender en todos los sentidos. De nuevas experiencias y nuevos caminos, ah y mucho mucho baile.



La Marina que comenzaba el 2017 no es la misma que lo acaba. Tengo un nudo en la garganta, tantas experiencias vividas que no quiero que este año termine jamás.

Enero siempre fue mes de exámenes, pero qué más da si se pasan en buena compañía y después te vas a Munich a bailar en agua congelada con dos torontinos; si luego vuelas sobre las pistas de esquí con la familia y descubres que ya no tienes miedo a los perros gracias a esa pequeña husky de Ampriu. Que febrero es frío, pero fue el mes en el que me dijeron que me iba de erasmus a París. En marzo, llegaron los 20 al lado de toda la gente que me quiere. En abril y mayo descubrí que lo que une la música a las personas no lo separara nadie.

Y comienza junio, comienza el no parar, el coger aviones, buses, trenes, barcos, como si fueran metros. Pero esto no lo he hecho sola sino con cada uno de los que me habéis acompañado. Viví un día en Bruselas ajetreado y caluroso, pero precioso, al lado de una de las personas que más quiero. En Lille, volví a ver a dos de mis artistas favoritos y me emocioné. Hubo reencuentros con Thelma y Karolina, personas que a pesar de estar lejos y ser de otra nacionalidad puedes pasar un verano de la ostia con ellas, gracias. Sobre todo, Karolina, hiciste que amase Polonia tanto como lo amas tú. 

Julio, llegar y cambiar de maleta para irme a hacer surf a Gran Canaria con dos personajes, una auténtica pasada poder ir al pico y coger tu primera ola de verdad, no la espumilla, aunque luego te la pegues contra el agua. Finales de julio y como cada año, reencuentro con las personas que hicieron mi 2013 una auténtica pasada, Cambrils y Tarragona fueron la ostia sólo por vosotros. Mi agosto sin Santa Pola no es Agosto, ir a Tabarca es una rutina preciosa y estar con mi grupo de amigos de toda la vida lo es más. El arenal sound, el mejor festival, uno de los mejores días del año, Bastille, Jonas Blue y Martin Garrix, increíble y la compañía aún más, las top de Cody os quiero.


Se acaba el verano y se acerca el Erasmus, el irme a París, después de todo el papeleo y el sufrimiento del alojamiento. Mi maleta grande, la pequeña, dos mochilas y yo, estamos preparadas para emprender la aventura. Me acompaña mi familia, las despedidas fueron duras, porque no sabía que me preparaba el futuro. Sin embargo, ha sido el mejor erasmus que he podido tener. El 3 de septiembre me quedé sola en mi Airbnb en Télégraphe, mi familia se acaba de ir. Me había quedado muy "plof"... A lo que dije no Marina, estás de erasmus y acabas de comenzar la aventura. Escribí a una conocida que se llama Elena, que poco a poco se ha convertido en amiga. Quedé con ella y con un grupito de españoles, (bendito grupo de WhatsApp) Pilu, Álvaro, Sandra, Andrés, las primeras personas que conocí. Perdidos por París llegamos finalmente a “The fith Bar” donde se encontraban más erasmus españoles. Jorge, Manu, Javi, Asier, Pere, Borja… A algunos no os he vuelto a ver, pero os aseguro que hicisteis que me sintiera en casa y con mil ganas de seguir la aventura que acababa de comenzar. (Pilu y San, ya tenemos grupo para la putivuelta, ya me entendéis, os quiero). Septiembre fue el mes de las emociones, de las nuevas experiencias, de vivir sola y apañártelas bastaste bien, de salir de fiesta, de las primeras soirées, de empezar en una nueva universidad, de hablar en francés, de redescubrir personas, de hacer turismo como si no hubiera un mañana, de risas muchísimas risas con muchísima gente, de los atardeceres más bonitos en el arco del triunfo, septiembre, sabes que te repetiría una y mil veces, que has sido increíble.


Octubre, viajes y reencuentros con personas que no veías desde hace 5 años, que los acantilados del Étretat son una maravilla de la naturaleza y que Versailles es más bonito cuando sale el sol y se refleja todo. De que Miriam y Elena, Jabir y Camila se convirtieran en esenciales.
Noviembre, magia, reencuentros y los viajes. Que recorrerse Bélgica con 12 personas es una auténtica pasada (repito demasiado esta palabra), Ale, Carmen, Carlos, Christian, Jorge, Fer, Julio, Karima, Pilu, Sandra y Marta. 

Nunca me había gustado tanto coger buses nocturnos si el destino es Amsterdam, Arantxa, Marta, Denisse, Asier, David, Belén, gracias. Ah, y Disneyland, este día fue tan mágico como con las personas con las que estuve, infancia completada. 

Canadá, ese país que me ha acompañado todo el erasmus y ha dado lugar a mi “apellido” allí. Melissa, Tito Sid y Tita Cora, que día más bonito pasamos, sois mi hogar. Ah, no me olvido de Bigail, David, Erik, Mél, Marie y Lucie habéis hecho de mi estancia en la ISCOM una auténtica pasada.
Diciembre y la navidad, subir a la noria y patinar a unos cuantos metros de altura, llegó Estrasburgo, 20 personas nos dirigíamos a las 7 de la mañana a la ciudad de la Navidad. No sabíamos que iba a nevar, pero nevó y vaya que sí, no he podido tirar más bolas de nieve a Jabir, David y a Asier. Ese día fue otro de los mejores días del año gracias a los 20 que fuimos y a la magia de esta ciudad. Diciembre de despedidas, pero también de reencuentros y de volver a casa, y darte cuenta de que este año ha sido el mejor de tu vida.

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